
La calidad de nuestra alimentación tiene una influencia decisiva en nuestra salud: “Somos lo que comemos”. Precisamente la alimentación nos proporciona unas posibilidades magníficas de gozar, una gran parte de nuestra vida, de la mejor salud y de buena forma física. En vista de este significado tan relevante de la alimentación, ¿no sería importante informarnos acerca de la alimentación sana desde el punto de vista de la ciencia de la nutrición basada en estudios a nivel mundial?
Todos conocemos los consejos de la prensa de comer más fruta y verduras y menos carne. Los daños que el consumo de carne y grasas animales ocasionan en nuestra salud han sido demostrados a través de numerosos estudios científicos. Asímismo son conocidas las consecuencias negativas de la leche y el queso (grasas animales saturadas) sobre la salud. Cuando las catástrofes naturales o los actos terroristas se cobran cientos o miles de vidas, nos horrorizamos, pero si una falsa alimentación inherente a la sociedad ocasiona millones de muertes por cáncer, enfermedades cardiovasculares, diabetes y otras enfermedades debidas a la alimentación, se acepta con una impasibilidad asombrosa.
Los cuentos de la industria cárnica y lechera según los cuales la carne, la leche y los productos lácteos son alimentos valiosos, son aceptados sin rechistar por la mayoría de los consumidores ignorantes y por políticos evidentemente faltos de interés. Y no sólo esto, en muchos Estados de la Unión Europea la carne y la leche, como productos de maltrato animal perjudiciales para la salud, son encima subvencionadas con fondos procedentes de nuestros impuestos. Esta conducta de los políticos es completamente inaceptable, porque valora claramente los intereses de la industria cárnica y animal por encima de la salud de los ciudadanos, a los cuales están obligados en primer lugar.
La comida vegetariana estuvo sometida en otros tiempos a las mismas injustas difamaciones a las que está hoy sometida la alimentación vegana. En la prensa son denigradas formas sanas de alimentación por estupidez, desconocimiento y por intereses económicos. Un ejemplo: En el año 2004 murió un niño pequeño, que presuntamente había sido alimentado de forma vegana por sus padres. En realidad el niño no había tomado ningún tipo de alimentos, o sea, ¡tampoco ninguna comida vegana! Al niño tampoco se le proporcionó ningún tipo de ayuda médica para tratar la falta de apetito debido a la grave pulmonía que sufría. Lo asombroso en esta cuestión no es sólo que el niño no recibió ningún alimentación vegana sana, sino que los padres eran seguidores de una llamada “alimentación originaria” aconsejada por un oscuro autodenominado “asesor alimentario”.